Mi vida como un perro

Dir.: Lasse Hallström (Suecia, 1985)

 

ARGUMENTO. Esta bellísima historia está ambientada en la década de los cincuenta -cuando tanto el director como el autor del libro eran niños- y nos muestra el despertar a la vida adulta de un chaval de 12 años que comparte sus juegos con un perro. Verá alterada su existencia debido a la enfermedad de su madre, lo que hará que cambie su residencia, trasladándose a vivir al campo con unos parientes. La relación con sus nuevos vecinos, otros niños y su nueva familia, variarán su universo infantil.

VALORACIÓN DIDÁCTICA. El rostro expresivo del protagonista capta la vitalidad paradójica de la enorme crisis del joven Ingemar. Realmente un cuento bastante triste sobre un niño a quien deja la madre (por enfermedad mortal) y a cuyo perro (Sickan) se le da muerte, mientras él tiene que mudarse a casa de unos parientes del campo, lejos de la ciudad en la que ha crecido.

El título de la película (y del libro en el que se basa) se refiere a la situación de Ingemar, psicológica y existencialmente. Su fantasía más expresiva está relacionada con el perro ruso Laika, enviado solo al espacio en el Sputnik, sin tener voz ni voto en el asunto. Tales momentos son relatados sobre el fondo del infinito de un cielo azul salpicado de estrellas, ocasiones en que la soledad y la vulnerabilidad de Ingemar adquieren una perspectiva metafísica. En el nivel psicológico, esas tomas pueden ser yuxtapuestas en otra viñeta repetida, en que Ingemar cuenta chistes a su madre en una época en que esta todavía sana y podía reírse.

Nosotros comprendemos -e Ingemar sospecha- que esos momentos no volverán; y que al igual que el perro ya muerto en el espacio, su madre ha pasado al eterno mundo de los recuerdos. Sin embargo, Ingemar es un sobreviviente. En parte porque tiene vitalidad, sensibilidad y humor; y en parte porque sus parientes y la gente del pueblo son seres humanos decentes, que le aceptan; no por compasión ni sentimentalismo, sino en sus propias condiciones.

La película finaliza con un canto a la vida donde el pueblo -que es como una familia ampliada- celebra la victoria del boxeador sueco Ingemar Johansson sobre Floyd Patterson, mientras el joven Ingemar se queda dormido en los brazos de su primer amor juvenil, Saga.


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